31 de julio de 2007

Desaparecidos

Ni laureles eternos, ni la muerte
Con gloria, la que habían prometido
En un himno gritado y encendido;
No tuvieron siquiera aquella suerte.

No vieron de sus madres el calvario,
Pañuelo de llorar hecho bandera.
No tuvieron su caja de madera,
Su lápida, su cruz y su rosario.

Les quitaron la risa, el rostro, el nombre;
Les negaron la suerte de los hombres.
Les poblaron la muerte de ruido,

Eléctrica punción y desencanto.
Les sacaron los ojos y hasta el llanto.
Les prohibieron también haber nacido.

Enrique Catani
La Plata, 31 de julio de 2007