28 de enero de 2009

De nuevo mi amigo Ernesto y la sequía

Volvió mi amigo Ernesto de Bahía Blanca, ciudad inconveniente y naval, con nuevas y breves ideas sobre la sequía.

Me dijo: ¿Cómo puede ser posible? ¿No era que "el campo" es el sector más dinámico de la economía? ¿No era que su desarrollo tecnológico supera por mucho a la industria, el comercio y los servicios?

No, no era. Resulta que ahora nos enteramos de que dependen por entero de que el buen Dios haga llover. O sea que su sistema de producción no está mucho más adelantado que en el neolítico. ¿Por que no riegan por goteo, si son tan adelantados?

Siempre lúcido y germánico, mi amigo Ernesto se ofuscó ligeramente con mi crítica a su origen alemán y me dijo que peor yo, que desciendo de italianos, pueblo especialista en rendirse en todas las guerras y célebre por sus sociedades delictivas. En realidad no lo dijo, pero estoy seguro de que lo pensó.

Por lo menos inventaron el vermicelli.

14 de enero de 2009

Mi amigo Ernesto y la sequía


Mi amigo Ernesto me mandó un mensaje de texto que textualmente dice "La sequía demuestra que Dios está con el gobierno. Que hagan los piquetes ahora. ¡Mueran los salvajes oligarcas!"

Mi amigo Ernesto desciende de alemanes, un feo defecto que él se empeña en corregir abrazando las causas populares, pero que contamina su pensamiento con cierto calvinismo (la desgracia vista como una señal de la pérdida del favor divino) decididamente inconciente. La frase final, de neto corte federal-populista, es sencillamente deliciosa.

Sin llegar tan lejos como mi amigo Ernesto, yo me pregunto: Si la lluvia es necesaria para el campo, que llueva en el campo; ¿para qué llueve en la ciudad?