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La chica que me ayuda

quien no fue mujer, ni trabajador, piensa que el ayer fue un tiempo mejor María Elena Walsh – “Orquesta de Señoritas” Como a una sirvienta paraguaya -Te juro: antes de que se me vaya la empleada, prefiero que me abandone mi marido. Lo dice Paula, la mujer de mi amigo Ernesto. No me lo dice a mí, se lo dice a mi mujer, quien –para mi sorpresa y preocupación- asiente con la cabeza. Yo converso con Ernesto de política –porque es impropio de varones adultos e informados andar hablando de esas cosas-, pero escucho de costado porque me interesa. -A mí me alcanza con que venga a la mañana, porque Enrique puede estar a la tarde para cuidar a la nena. Yo sigo hablando de Cosas Muy Importantes; pero, al escuchar mi nombre, paro la oreja porque ahora el asunto afecta mis derechos personalísimos. -¿La necesitás sólo para que cuide a la nena? –se informa Paula. -Bueno, también quiero que me ayude con la casa. Mi casa no es una casa, sino más bien un departamento y bastante chico, ...

El Problema de las Cláusulas Constitucionales Programáticas

La palabra problema puede ser una insidiosa petición de principio. Hablar del «problema judío» es postular que los judíos son un problema; es vaticinar (y recomendar) las persecuciones, la expoliación, los balazos, el degüello, el estupro y la lectura de la prosa del doctor Rosenberg. Otro demérito de los falsos problemas es el de promover soluciones que son falsas también. A Plinio (Historia natural, libro octavo) no le basta observar que los dragones atacan en verano a los elefantes: aventura la hipótesis de que lo hacen para beberles toda la sangre que, como nadie ignora, es muy fría. J.L. Borges, «Las alarmas del doctor Américo Castro» La cláusula social de la Constitución. En mil novecientos cincuenta y seis, una dictadura militar convocó a una convención constituyente para reformar la Constitución Nacional y –entre otras cosas- consagrar los derechos sociales. El hecho parece a primera vista curioso y singular: un gobierno de fuerza preocupado por el texto constitucional que nieg...

El Abogado

A pesar del profuso papeleo, De los martes de nota y cafecito, Del árido latín, del medioevo Que pervive en el ritual de los escritos. A pesar de los tontos tribunales Con sus jueces vanidosos y uniformes. A pesar de los bienes y los males, A pesar de su oficio; está conforme De jugarse la boca en cada juicio Intentando romper un maleficio Para justicia de los desvalidos. Lancerote, Quijote o Brancaleone Defendiendo a un infame Don Corleone De la inmensa amenaza del olvido. ElQuique. La Plata, 12 de mayo de 2006

Adversus Amparo

A mis compañeros abogados. El precio que cobramos por nuestros servicios (al que ridícula y pundonorosamente denominamos “honorarios”, como si tuviesen relación con nuestro honor, que de ningún modo puede medirse en dinero) es, en términos bíblicos, el que nos permite pagar el pan y es el resultado del sudor de nuestras frentes. Nadie puede reprocharnos entonces que intentemos ganarlo lícitamente. Nadie puede reprocharnos tampoco que asumamos la defensa de causas que pueden parecer absurdas o directamente injustas. Somos defensores. De personas, de derechos, de intereses. Allá está el Estado, la Señora Opinión Pública, los medios de comunicación masiva, para juzgar con real o ficticia ecuanimidad. No es el defensor quien debe ser ecuánime y justo. El defensor debe ser lo que es: Defensor y vehemente. Es bueno que recordemos estas simples y sencillas verdades. Zapatero a tus zapatos. Es bueno hoy en un país y un planeta en que todos hacen lo que no les corresponde. El presidente sancion...