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Mostrando las entradas con la etiqueta CRONICAS

La gota fría

“Moralito, Moralito se creía Que quizás él a mí me iba a ganar Y cuándo me oyó tocar Le cayó la gota fría” Emiliano Zuleta - “La gota fría” Enemistades El amor y el odio son sentimientos explosivos, que pueden menguar mucho –e incluso desaparecer- luego de una trompada o un revolcón. La amistad y la enemistad de los hombres pueden (y deben) prescindir de esas efusiones. A cambio, suelen ser más duraderas. La enemistad profunda y permanente entre dos personas puede no diferir demasiado de la amistad prolongada. El ejercicio de ambas requiere la perpetua repetición de rituales comunes y la existencia de un código compartido. En ambos casos sus protagonistas comparten mucho entre sí. Borges recordaba la historia de dos teólogos que dedican su vida a refutarse mutuamente y que, al morir, descubren que a los ojos de Dios ellos son una sola persona. Algo así sucede con la historia de Lorenzo Morales y Emiliano Zuleta. Se nos dice que luego de muchísimos años de ejerce...

Crónicas puntanas

El futuro llegó hace rato. -Lo que se ve es que hay mucha obra pública... – le dice una señora sentada con su marido pelado a la moza que sirve el desayuno en el hotel. A mí me gusta escuchar las conversaciones ajenas, lo confieso. -Así es- contesta la moza, con un tono que se pasea entre el orgullo y la cautela. -... aunque algunas son medio faraónicas –la señora se pone repentinamente crítica y egiptóloga-, ayer, por ejemplo, estuvimos en la Ciudad de la Punta. Demasiadas cosas para tan poca población. -Lo que pasa es que esa es una ciudad para el futuro. La ciudad del futuro. En el medio de un valle desierto –absolutamente desierto- aparece la Ciudad de la Punta. Cerca de San Luis (capital) pero literalmente en el medio de la nada. No dudo de que el diseño urbanístico debe ser excelente, dado que en su factura participó mi futuro cuñado Eloy, pero carezco de las aptitudes para evaluarlo. Eso sí: a simple vista todo parece un exceso. La Ciudad de la Punta tiene once mil seiscientos c...

Crónicas Boliguayas. (primera entrega)

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Fútbol . -Los argentinos no somos racistas- me dice un amigo mientras miramos un partido de fútbol por televisión y yo asiento sin vacilar. A mí no me gusta el fútbol, pero sí los mates y la conversación. Es fama que las mujeres tienen la extraña habilidad –completamente ausente entre varones- de prestar atención a varias cosas al mismo tiempo. Mi amigo conversa, sí; pero mira fijo a la pantalla e interrumpe cada frase cuando algún jugador avanza en dirección al arco. El mate lo cebo yo. Mi amigo intenta orientar la conversación a temas futboleros, pero mi ignorancia lo desalienta. Por fin, hablamos de algunas de las pocas cosas futboleras que me interesan. Me quejo de que la FIFA haya prohibido jugar en altura y señalo la discriminación que eso significa para los bolivianos. -No es un tema de discriminación. –dice mi amigo con una lógica extraña pero inapelable- Es real: yo estuve en La Quiaca y me apuné. Ahí no se puede jugar. Empiezo a desgranar alguno de los muchos argumentos que e...

La tierra sin mal

La pequeña emancipación del chamamé. Unos días antes de navidad salí a comprar algunos regalos y –contra todos mis principios- terminé en musimundo; enorme cadena comercial que vende libros, discos y otras cosas; en donde siempre tratan al cliente como a un ladrón en potencia o en acto (“a ver señor, me muestra la bolsita”) y cuyo único mérito es estar abierta hasta las diez y media de la noche, cuando ya todo cerró. En musimundo descubrí una verdad chiquita y bastante inútil, pero verdad al fin: el chamamé se ha independizado del folklore. Es una independencia –claro- que se reduce por ahora a los criterios clasificatorios de musimundo, pero que se va extendiendo. Pero –pequeña, incipiente- la emancipación aparece muy clara. Hay una marquesina que dice “folklore”, otra que dice “tango” (la independencia del tango es tan rotunda y definitiva que a nadie sorprende; por el contrario, sorprendería que alguien lo considere lo que es: una música folklórica) y, por fin, una tercera que dice ...

Crónicas Mundiales

Confesión No me gusta el fútbol. Ni verlo, ni escucharlo, ni jugarlo. Sé de otra gente que padece el mismo problema y le da un tinte excéntrico, intelectual. A mí, por el contrario, me avergüenza. No me gusta el fútbol –lo confieso-, pero me gustaría que me gustase. He hecho intentos. Por ejemplo, fui a ver a Gimnasia a todos los partidos de aquella primera y memorable campaña en que salió segundo por un pelito, pero no hubo caso; solía estar más atento a lo que sucedía en las tribunas que en el campo de juego. Fui cambiando de cuadro con la esperanza de encontrarle el gustito a la cosa (las pocas veces que lo confieso, esto suele causar horror y desprecio en las buenas gentes). Fui hincha sucesiva y cronológicamente de Estudiantes, de River, de Boca y de Gimnasia. Finalmente, y hace unos años, me hice hincha de Guaraní Antonio Franco (y viajé a Posadas a verlo jugar la final con el Godoy Cruz de Mendoza por el ascenso al Nacional B, un lamentable cero a cero que nos dejó afuera). Ser ...