24 de octubre de 2010

El Che Guevara, misionero.

Ya sé: me van a decir que el Che Guevara es universal, pero todos los hombres lo son. Todos los hombres son, también, universales de algún lado.

La mayoría lo considera más que nada cubano, porque fue en Cuba donde hizo la mayor parte de sus muchas hazañas. El gobierno cubano ha alentado desde siempre esta interpretación y es allí donde descansan sus restos y donde se encuentran la mayoría de sus estatuas y mausoleos. Es común que los argentinos aceptemos pasiva e irreflexivamente esta posición. Se suele olvidar para ello que el Che renunció formalmente a la nacionalidad cubana un una famosa carta de despedida dirigida a Fidel.

Algunos, más generosos, lo consideran un patriota latinoamericano (para lo cual minimizan -acaso con razón- sus incursiones en el África). Se trata de una verdad tan incontestable como su carácter de universal. Pero también todos los latinoamericanos somos de algún sitio en particular.

Nadie, que yo sepa, lo considera boliviano; aunque no sé por qué es más lógico que la nacionalidad se determine por el lugar de nacimiento y no por el lugar de la muerte, sobre todo cuando se trata de un lugar por el que se muere.

Pese a todo eso, la argentinidad del Che es evidente desde su mismo nombre y se revela enseguida cuando se oyen sus discursos, en los que se le cuela sin querer ese tono porteño cancherito tan característico. Algunos objetan que el Che jamás peleó en territorio argentino, objeción absurda que llevaría a sostener que San Martín era extranjero. Supongo que el obstáculo más importante para aceptar por completo la argentinidad del Che es su (nunca del todo bien documentado) antiperonismo juvenil. Se suele olvidar que, de adulto, ya no pensaba lo mismo; que sugestivamente llamaba a los novatos que se incorporaban a la guerilla "descamisados"; que antes de partir a Bolivia fue a pedir consejo a Puerta de Hierro (Perón, acaso bastante menos valiente pero muchísimo más lúcido, le avisó que lo derrotarían); y que el viejo general dijo al despedirlo que era el "mejor de los nuestros".

Todas estas cuestiones son superfluas. Es evidente que alguien a quien le dicen "el Che" sólo puede ser irremediablemente argentino.

Ahora bien, también los argentinos somos argentinos de algún lado en particular. En ese punto los rosarinos (extraños santafesinos que no se consideran tales) se apuraron en agenciárselo (probablemente motivados por la carencia de antecedentes épicos; los rosarinos no tienen héroes políticos o militares, aunque abundan en artistas) y hoy nadie duda de que el Che era rosarino, aunque uno no advierte nada en común con Olmedo, Fontanarrosa o Fito Páez.

Los cordobeses bochincheros y ladinos ahora quieren disputárselo. Argumentan -no sin algo de razón- que la patria es la tierra de la infancia y que el Che pasó su infancia en Alta Gracia, en donde ahora construyeron un hermoso museo en su honor. Siempre conviene sospechar de las intenciones de los cordobeses. Me malicio que detrás de ese luminoso argumento se esconden móviles más bien turísticos.

Señores cordobeses, señores rosarinos: están ustedes muy equivocados. El Che era (es) misionero; de Caraguatay, para más datos.

Su nacimiento se produjo en Rosario por pura casualidad. Los padres del Che vivían en Misiones (eran dueños de un yerbatal llamado "la misionera") cuando se embarazaron. En Misiones, en esa época, no había médicos, hospitales y esas cosas; y sus padres quisieron que nazca en Buenos Aires, pero -mientras navegaban el Paraná en un vapor hacia la capital- vieron que el parto se adelantaba y bajaron en Rosario. Allí nació el Che -es cierto- y la familia se quedó allí menos de dos semanas, para volver enseguida a Misiones, provincia en la que fue concebido y en donde vivió sus primeros dos años. O sea que de rosarino, más bien poco y nada.

El argumento de los cordobeses es mejor. Es cierto que el Che vivió diecisiete años, casi toda su infancia y adolescencia, en Alta Gracia, Villa María y Córdoba capital; pero un auténtico cordobés jamás hubiese abandonado la costumbre de arrastrar las vocales y el Che no la tenía. Tampoco hay noticias de que tomara fernet, bailara cuarteto o se especializara en contar chistes malos.

La hipótesis misionera tiene a su favor las disposiciones de las leyes de Dios y de la República, que -por ahora- coinciden en afirmar que la vida comienza con la concepción. Indudablemente el Che fue engendrado en la caliente, húmeda y propicia selva misionera de la que tuvo que irse a causa del asma. Pero hay un argumento mejor todavía en el nombre:

Ernesto Guevara Lynch De la Serna es un nombre indicado para un médico importante, para un habitué de los clubes exclusivos, para un dueño de estancia. El guerrillero heroico no podía admitir ese nombre incómodo y se haría famoso, en cambio, como el "Che", argentinísima palabra del idioma guaraní (el idioma de su provincia) que -bueno es recordarlo- significa "hombre".

ElQuique.

Pd: les dejo un chamamecito sobre el tema.