6 de enero de 2011

Modos ejemplares de ser fusilado (XI): Ciriaco Cuitiño

No sé si era bueno o malo, lo que no tiene mayor importancia. No hay duda, en cambio, de que era federal y consecuente. Partidario de Dorrego, lo fue después de Rosas. Con aquél se desempeñó como alcalde de Quilmes; con éste, como comisario de policía; pero se distinguió sobre todo como mazorquero. Fue uno de los fundadores de la Sociedad Popular Restauradora, conocida popularmente -con cariño o temor, según se mire- como “la mazorca”.

Sin embargo, los retratos de Cuitiño le suelen ser benevolentes. Corsini lo llamó “buen mazorquero” en el tango “tirana unitaria”:

Tirana unitaria, tu cinta celeste
Até en mi guitarra de buen federal
Y en noche de luna canté en tu ventana
Más de un suspirante cielito infernal.

Tirana unitaria, le dije a Cuitiño
que tú eras más santa que la Encarnación
y el buen mazorquero juró por su daga
que por ti velaba la Federación.

Y Borges –completamente insospechado de simpatías rosistas- elogió en unos versos su “federala manera de vivir y morir”.

Era un federal convencido, de esos pocos federales porteños que no se acomodaron a las circunstancias adversas. Cuando Lavalle fusiló a Dorrego y tantos intentaron congraciarse con el golpista, Cuitiño organizó la resistencia guerrillera en la campaña. Cuando Buenos Aires se separó de la Confederación, Cuitiño participó del sitio organizado por Hilario Lagos, una intentona que desde el principio estaba condenada al fracaso. Fue aprehendido –y condenado a muerte- junto a otro mazorquero, un tal Leandro Alén, cuyo hijo –fundador de la Unión Cívica- se cambiaría el apellido por Alem, para que nadie lo relacione con su padre.

Antes de ser fusilado, pidió que le dieran aguja e hilo para coserse el pantalón a la camisa. Sabía que después de fusilarlo iban a colgar su cuerpo a la vista de todos y dijo: “a un federal no se le deben caer los pantalones ni siquiera muerto”.