7 de septiembre de 2008

Las mañas de Andresito

Después las llamaron “guerra de montoneras”, pero al principio se las conocía como “las mañas de Artigas”. Suele creerse que los principios de táctica militar de estas guerrillas eran inexistentes y es sabido que la expresión “montonera” alude a que –incultos e incivilizados- peleaban “en montón” y no conocían (o simplemente no usaban) las exquisiteces europeas de la doble línea o la formación en cuadro.

Lo cierto que es que existía en estas tropas irregulares una táctica militar avanzada y distinta, que les permitió derrotar muchas veces a ejércitos visiblemente superiores dirigidos por científicos de la guerra y que hizo que siempre resurgieran hasta la definitiva derrota –y muerte- de Aparicio Saravia en Masoller cuando ya estaba bien empezado el siglo veinte.

Lo cierto, también, es que algunas de estas tácticas -que se fueron refinando con el tiempo y la experiencia- (el uso que de la lanza hacía la caballería, por ejemplo) fueron después incorporadas por los ejércitos profesionales aliados durante la guerra de la Triple Alianza y, de allí, pasaron al ejército alemán que las utilizó en la guerra franco-prusiana.

Los orientales reclaman la paternidad y la primacía en materia de montoneras y, sin perjuicio de las lindezas riojanas, debemos reconocer que con Artigas y Aparicio –el primero y el último montonero, respectivamente- fueron los orientales los que abrieron y cerraron un capítulo no sólo militar de nuestra historia.

No pienso discutir con orientales o riojanos sobre ninguna primacía especial. Sólo señalaré un aporte misionero útil -pero sobre todo hermoso- a esas tácticas criollas. Lo cuenta el propio Artigas en sus memorias.

Se sabe que las tropas montoneras de Artigas no tenían propiamente infantería ni caballería (y, por supuesto, la artillería era un lujo que, por lo general, estaba reservado a los ejércitos profesionales), sino más bien una mezcla de ambas, que algunos llamaron “infantería montada”. Los montoneros (contra lo que su nombre parece indicar) peleaban dispersos y en parejas y atacaban desde todos los lados posibles. Esto disminuía la eficacia de los cañones y de las rígidas formaciones enemigas y aumentaba entre ellas el desconcierto y la zozobra. Los montoneros iban a caballo pero no efectuaban cargas de caballería, sino que se apeaban para disparar y montaban para huir cuando los perseguían. Siempre actuaban en parejas de manera que un montonero cubriese el ataque de otro.

Andresito Guacurarí, aquel mítico comandante misionero, único gobernador indio que existió en la Argentina, le propuso a Artigas una innovación que parece poesía, pero que aumentó enormemente la eficacia de estas tropas irregulares. Propuso que las parejas se formaran no por la voluntad de un sargento, sino por la de la propia tropa. Así, todos preferían combatir al lado de un pariente o de un amigo y ése era un vínculo adicional que los llevaba a no abandonarse en el combate.

La guerra de montoneras sobrevivió a Andresito, cuyo aporte y cuya historia es más olvido que recuerdo. Vayan estos apuntes de homenaje al más querible de nuestros héroes.

Boomp3.com

1 comentario:

Ulschmidt dijo...

Para ser el comandante argentino que resistió la embestida lusitana en Apóstoles y que incursionó más profundamente en el Brasil - hasta Sao Borja, amenazando Porto Alegre - está bastante ignorado. Merecería un sitial similar al de Guemes. De paso, es muy poco lo que se puede leer sobr e él - si conoce algún libro, por favor avise...