8 de marzo de 2009

Teología peronista




Días atrás se suscitó una interesante discusión teológica en la que participamos mi madre, mi hermano y un servidor. El tema rondaba alrededor del culto de los santos y de las vírgenes.

Arrancó mi madre, quien -quizás por pudor- atribuyó la idea a otra persona. La expongo como la recuerdo: Conviene más pedirle a un santo (o a una virgen) poco popular, porque los que tienen más seguidores están más ocupados y tardan más en cumplir.

-¡Disparate! -dije yo, que he desperdiciado mi juventud estudiando las leyes y la jurisprudencia- Los santos y las vírgenes tienen jurisdicciones definidas. Algunos, según el territorio (A Corrientes le toca la de Itatí; al norte de Buenos Aires, la de San Nicolás; la de Luján es nacional y constituye una especie de instancia de apelación de las vírgenes); otros, según la materia (para la garganta, Santa Cecilia; para la vista, Santa Lucía; para los exámenes, San José de Cupertino; para el miedo a los perros, San Roque).

Por fin, terció mi hermano Juan Pablo, que lee a Bakunin y se autoproclama anarquista (como cierto bloguero), pero que enseguida se le nota el peronismo incorregible.

Según su teoría, que inmediatamente nos convenció, los santos son una especie de punteros de Dios. Juntan las fichas de sus devotos y se las llevan al Barba.

- Mirá Dios -le dicen, mientras le muestran las fichas- toda esta gente está laburando para vos, hacen la señal de la cruz, se mandan un rezo... pero la gente tiene necesidades, ¿viste?... habría que tirarle unos milagritos para tenerla contenida...

¿A quién le prestará más atención el Hombre? ¿Al Gauchito Gil, con sus cientos de miles de fichas, o a San Eustaquio y sus tres seguidores?

La de Itatí, cumple; el Gauchito Gil, dignifica.

4 comentarios:

Antares dijo...

Hay un aspecto que parecen haber olvidado: para la institución no califica igual un Santo propiamente dicho que un ídolo popular como la Difunta Correa o el Gauchito Gil. Los Santos tienen iglesias a su nombre, los populares santuarios al costado de la ruta. ¿Santos Populares versus Santos Divinos? Yo soy atea, pero mi corazón justicialista está con el Gauchito Gil, la Difunta, Gilda y todos los santitos descamisados.

Ulschmidt dijo...

En Santa Fe, a mediados del siglo 19 - y me inspiro en una cronista de la época - cuando crecía el río empezaban a sacar santos de cada iglesia y los llevaban en procesión a la orilla. Llevaban un santo menor primero y si no daba resultado en cierto lapso llevaban a otro más prestigioso. Tras varias semanas de alarma llevaban a San Jerónimo, por ejemplo, y si días después no atenuaba la crecida se escuchaba:
- San Jerónimo no sirve para nada!
y llevaban por ejemplo a la Virgen de Guadalupe, que es el ídolo máximo en el panteón santafesino. La de Guadalupe siempre salvaba la situación; no hay registro de una situación en que fracasara. La curia, combinando sus escasos saberes hidrológicos con su profunda psicología de masas, la reservó para el último siempre de tal suerte que nunca defraudó a sus feligreses.

Juampez dijo...

Si has estudiado la jurisprudencia y las leyes con la misma dedicación que el santoral, coincido con que desperdiciaste tu tiempo. Santa Cecilia es patrona de la música y San Blas es el de la garganta... aunque, claro, quienes te hemos oído cantar, entendemos que los confundas.
Respecto de los santos populares vs. los santos divinos, yo diría que "el movimiento es amplio"... mientras la gente se mande un rezo y haga la señal de la cruz... pertenece al movimiento.

ElQuique dijo...

¡Pero claro! San Blas es el de las gargantas, es cierto. Si una vez me hice bendecir la garganta con dos velas cruzadas por cuenta y oden de San Blas... (lo que no evitó mis anginas, pero seguramente las mitigó).
Con respecto a la dicotomía "santos divinos vs. santos populares", me atrevo a introducir una tercera categoría mixta, de santos divinos que tienen un uso popular no tan oficial.
El prototipo de esta categoría podría ser San Expedito, santo oficialísimo que, sin embargo, se ha convertido en el patrono de los traficantes de drogas mexicanos.
En definitiva, como siempre, me convence la teoría de Juampez: En materia de santos, también los hay ortodoxos y heterodoxos, combativos y contemplativos, pero todos trabajan...