Miguel Gila nació en Madrid, en 1919. A los 17 años lo sorprendió la guerra civil y –militante de las Juventudes Socialistas- se alistó en el Quinto Regimiento de Lister. Combatió en Sigüenza, Somosierra, Madrid, Guadalajara y el Ebro. En el diminuto pueblo de Valsequillo –Córdoba- fue tomado prisionero y sentenciado a muerte.
Iban a ejecutarlo al mediodía, pero justo era el día del santo del pueblo y había fiesta, así que postergaron el fusilamiento para la tarde. Ustedes saben cómo son las fiestas populares en los pueblos de España. El hecho es que el pelotón recién estuvo listo y preparado cuando anochecía y todos sus miembros estaban borrachos. Había empezado a lloviznar.
No sé si fue la oscuridad, la llovizna, el vino o las tres cosas. El hecho es que ninguno de los disparos acertó a Gila, quien se hizo el muerto igual con tanto éxito que ninguno de los soldados del pelotón se tomó el trabajo de darle el tiro de gracia.
Así se salvó Gila y, desde entonces, dedicó su vida al humor gráfico y, especialmente, a reírse de la guerra y los fusilamientos. Vivió en Buenos Aires mucho tiempo y finalmente murió en el 2001, a los 82 años de edad. De viejito.
Uno de sus mejores chistes sobre el tema mostraba a un hombre que le faltaba una pierna y que explicaba “yo no soy cojo, el problema es que me han fusilado mal”.
1 comentarios:
jaja muy bueno
bien x uno q se aviva d la ventaja d sobrevivir (sobretodo teniendo en cuenta el último q biern podría haber cumplido con la formalidad del casamiento)
a verrr miguel gila...
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